LA PROSA TÉCNICA
INTRODUCCIÓN
Nos han llegado escritos en lengua latina, con
menor pulcritud y exactitud que otros textos en verso y prosa, que podríamos
clasificar como ensayos o manuales de distintos saberes. Para los romanos no
existía un término para designar al investigador científico y se le solía
relacionar con la filosofía. Magos, astrónomos y matemáticos fueron confundidos
primero y mal vistos después en tiempos del Bajo Imperio, pues pensaban que con
sus cálculos numéricos podían de algún modo atentar contra la vida de un
emperador. La literatura científica romana es ante todo enciclopédica, engloba
conocimientos y los relaciona entre sí, además la mayoría de los traductores de
tratados griegos eran expertos en la materia y la lengua griega, pero desconocedores
de la literatura, formas vulgares del latín hablado alternan con auténticos
calcos de los términos técnicos griegos.
AUTORES Y OBRAS
Comenzaremos por los tratados que tienen que
ver con la agricultura. Catón el Censor (234-149 a. C.) expone sus
ideas en un tratado inconexo, pero escrito desde la autoridad que da la
experiencia. Algunos años más tarde, M. Terencio Varrón (116-27 a. C.
compone De re rustica, una
obra muy distinta y parecida a un tratado de economía agraria en tres libros,
en los que habla de agricultura, ganadería, avicultura, apicultura y pesca. En
época de Nerón escribe Columela un amplio tratado en doce libros, De re rustica, que continúa y
amplía una obra anterior más breve, De
arboribus. Varios siglos más tarde, Paladio recopila en catorce
libros el trabajo de sus antecesores bajo el título de Agricultura.
En cuanto a tratados de geografía, el
polifacético Cicerón compuso una Chorografia,
que podríamos traducir por “Topografía” o “Geografía descriptiva”. Años más
tarde, Agripa, contemporáneo de Augusto realiza un mapa del mundo al que
acompañan unos escolios o comentarios de tipo geográfico. El hispano Pomponio
Mela (siglo I d. C.) escribió en tiempos de Claudio un original tratado de
geografía titulado también Chorografia,
en el que aúna geografía descriptiva y aproximación a la etnología sobre las
diversas religiones que baña el Mare
Nostrum.
De arquitectura e ingeniería
señalaremos a Vitrubio, quien en plena época de Julio César y de Augusto
ejerció como superintendente de los acueductos de Roma. Hombre se orígenes
modestos pero de gran inteligencia natural, nos ha dejado su obra De Erchitectura, en diez libros,
que durante siglos ha sido punto de referencia para los arquitectos, urbanistas
y estudiosos de la Historia del Arte. Pero no solo habla de arquitectura,
también están presentes el arte y el paisaje. Años más tarde, Frontino
(35-103 d. C.) escribe De aquis urbis
Romae, donde ensalza la capacidad de Roma para poner en funcionamiento
grandes obras de este tipo.
Los escritos relacionados con veterinaria
aparecen en época tardía. En el s. IV, Vegecio, que es además autor de
un tratado sobre táctica y técnica militar (Epitoma
rei militaris), escribe un tratado en verso sobre los trastornos y
enfermedades de mulas y caballos, Mulomedicina.
En Roma el primer estadio de la medicina
fue de carácter no científico; religión y magia se dan la mano en un tiempo en
el que el sacerdote es también médico y en el que el pater es una especie de médico de familia. Catón llegó a alentar protestas
contra el paulatino asentamiento en Roma de médicos griegos que llegaron a
fundar escuelas. En el siglo siguiente, en época del emperador Tiberio, escribe
un enorme tratado Aulo Cornelio Celso titulado Artes.
En relación a las ciencias naturales, a
las que durante mucho tiempo hemos llamado Historia Natural, destacamos a Plinio
el Viejo (24-79 d. C.) y su obra Naturalis
Historia. Se trata de una obra monumental, enciclopédica, que recopila
material de 146 autores romanos y 327 extranjeros. En 37 libros se recogen
saberes de todo tipo: geografía, etnografía, antropología, zoología, botánica,
farmacopea vegetal y animal y mineralogía. El propio Séneca escribe
antes que Plinio unas Naturales
quaestiones en las que se ocupa de temas de astronomía, geografía y
geología. También escribe sobre recetas culinarias, ya sea con fines
terapéuticos o simplemente por puro placer, Apicio, conocido a partir de
una reelaboración en un latín del s. IV d. C. con el título de De re coquinaria.