martes, 17 de marzo de 2020

Literatura Latina: La Prosa Técnica

 LA PROSA TÉCNICA 


INTRODUCCIÓN
Nos han llegado escritos en lengua latina, con menor pulcritud y exactitud que otros textos en verso y prosa, que podríamos clasificar como ensayos o manuales de distintos saberes. Para los romanos no existía un término para designar al investigador científico y se le solía relacionar con la filosofía. Magos, astrónomos y matemáticos fueron confundidos primero y mal vistos después en tiempos del Bajo Imperio, pues pensaban que con sus cálculos numéricos podían de algún modo atentar contra la vida de un emperador. La literatura científica romana es ante todo enciclopédica, engloba conocimientos y los relaciona entre sí, además la mayoría de los traductores de tratados griegos eran expertos en la materia y la lengua griega, pero desconocedores de la literatura, formas vulgares del latín hablado alternan con auténticos calcos de los términos técnicos griegos.
AUTORES Y OBRAS
Comenzaremos por los tratados que tienen que ver con la agricultura. Catón el Censor (234-149 a. C.) expone sus ideas en un tratado inconexo, pero escrito desde la autoridad que da la experiencia. Algunos años más tarde, M. Terencio Varrón (116-27 a. C. compone De re rustica, una obra muy distinta y parecida a un tratado de economía agraria en tres libros, en los que habla de agricultura, ganadería, avicultura, apicultura y pesca. En época de Nerón escribe Columela un amplio tratado en doce libros, De re rustica, que continúa y amplía una obra anterior más breve, De arboribus. Varios siglos más tarde, Paladio recopila en catorce libros el trabajo de sus antecesores bajo el título de Agricultura.
En cuanto a tratados de geografía, el polifacético Cicerón compuso una Chorografia, que podríamos traducir por “Topografía” o “Geografía descriptiva”. Años más tarde, Agripa, contemporáneo de Augusto realiza un mapa del mundo al que acompañan unos escolios o comentarios de tipo geográfico. El hispano Pomponio Mela (siglo I d. C.) escribió en tiempos de Claudio un original tratado de geografía titulado también Chorografia, en el que aúna geografía descriptiva y aproximación a la etnología sobre las diversas religiones que baña el Mare Nostrum.
De arquitectura e ingeniería señalaremos a Vitrubio, quien en plena época de Julio César y de Augusto ejerció como superintendente de los acueductos de Roma. Hombre se orígenes modestos pero de gran inteligencia natural, nos ha dejado su obra De Erchitectura, en diez libros, que durante siglos ha sido punto de referencia para los arquitectos, urbanistas y estudiosos de la Historia del Arte. Pero no solo habla de arquitectura, también están presentes el arte y el paisaje. Años más tarde, Frontino (35-103 d. C.) escribe De aquis urbis Romae, donde ensalza la capacidad de Roma para poner en funcionamiento grandes obras de este tipo.
Los escritos relacionados con veterinaria aparecen en época tardía. En el s. IV, Vegecio, que es además autor de un tratado sobre táctica y técnica militar (Epitoma rei militaris), escribe un tratado en verso sobre los trastornos y enfermedades de mulas y caballos, Mulomedicina.
En Roma el primer estadio de la medicina fue de carácter no científico; religión y magia se dan la mano en un tiempo en el que el sacerdote es también médico y en el que el pater es una especie de médico de familia. Catón llegó a alentar protestas contra el paulatino asentamiento en Roma de médicos griegos que llegaron a fundar escuelas. En el siglo siguiente, en época del emperador Tiberio, escribe un enorme tratado Aulo Cornelio Celso titulado Artes.
En relación a las ciencias naturales, a las que durante mucho tiempo hemos llamado Historia Natural, destacamos a Plinio el Viejo (24-79 d. C.) y su obra Naturalis Historia. Se trata de una obra monumental, enciclopédica, que recopila material de 146 autores romanos y 327 extranjeros. En 37 libros se recogen saberes de todo tipo: geografía, etnografía, antropología, zoología, botánica, farmacopea vegetal y animal y mineralogía. El propio Séneca escribe antes que Plinio unas Naturales quaestiones en las que se ocupa de temas de astronomía, geografía y geología. También escribe sobre recetas culinarias, ya sea con fines terapéuticos o simplemente por puro placer, Apicio, conocido a partir de una reelaboración en un latín del s. IV d. C. con el título de De re coquinaria.